El Departamento de Guerra de los Estados Unidos informó este lunes sobre una exitosa operación de interdicción marítima en el Océano Índico. Tras una persecución que se prolongó durante toda la noche, fuerzas militares abordaron “sin incidentes” el buque Aquila II, una embarcación que había evadido las órdenes de cuarentena impuestas sobre barcos sancionados. El navío, que intentó huir desde el Caribe hacia aguas internacionales lejanas, fue finalmente interceptado por tropas que descendieron desde helicópteros, según mostraron videos oficiales publicados en redes sociales.
Esta acción forma parte de la Operación Southern Spear, una estrategia intensificada de la administración Trump para controlar la producción, refinación y distribución global de los productos petroleros de Venezuela. Esta política se ha endurecido drásticamente desde la captura del líder venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Con la toma del Aquila II, ya suman al menos siete los tanqueros sancionados que han sido capturados por las fuerzas estadounidenses desde diciembre, reafirmando el control norteamericano en el dominio marítimo global.
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Además de las sanciones a Venezuela, el gobierno de EE. UU. ha implementado medidas estrictas para bloquear el flujo de crudo hacia Cuba, nación que depende de envíos provenientes de aliados como Rusia y México. Recientemente, el presidente firmó una orden ejecutiva declarando una emergencia nacional, la cual impone aranceles a bienes de países que suministren petróleo a la isla. El Departamento de Guerra enfatizó que estas acciones buscan negar a “actores ilícitos y sus representantes” la capacidad de desafiar el poder estadounidense en aguas internacionales.
A pesar de esta política de mano dura, el manejo de los buques incautados ha mostrado matices diplomáticos. En enero, las autoridades señalaron que devolverían el supertanquero M/T Sophia, de bandera panameña, a las autoridades venezolanas tras haber sido descrito inicialmente como un buque apátrida de la “flota oscura”. Sin embargo, para el caso del Aquila II, el mensaje del Departamento de Guerra fue contundente: “Se quedarán sin combustible mucho antes de que puedan huir de nosotros”, advirtieron, subrayando su capacidad de defensa de la seguridad nacional en cualquier rincón del mundo.


































