El costo de vida para los texanos ha sufrido un nuevo golpe esta semana, ya que el precio promedio de la gasolina regular superó la barrera de los $4.01 por galón en el área de Austin, según datos de la AAA Texas. Este incremento representa un alza de $1.24 en comparación con el mismo periodo del año pasado, una situación que consumidores como Veronica Valdez Rodriguez califican de “inmanejable”. Ante este escenario, el presidente Donald Trump anunció que está trabajando para suspender el impuesto federal a la gasolina, que actualmente es de 18 centavos por galón, una medida que busca dar un respiro económico a las familias.
La propuesta ha generado un inusual consenso bipartidista en un año electoral. Figuras como el representante estatal demócrata y nominado al Senado de EE. UU., James Talarico, han respaldado la iniciativa, afirmando que bajar los precios en el surtidor debe ser un compromiso de ambos partidos. Por su parte, el senador republicano John Cornyn manifestó que podría apoyar una suspensión temporal para superar la incertidumbre actual en los precios de la energía, aunque subrayó la necesidad de conocer los detalles específicos del plan de la Casa Blanca.
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A nivel estatal, la presión también aumenta. La candidata demócrata a la gobernación, Gina Hinojosa, y el Comisionado de Agricultura, Sid Miller, han solicitado al gobernador Greg Abbott que suspenda el impuesto estatal de 20 centavos por galón. Miller instó a Abbott a seguir el ejemplo de otros estados como Georgia e Indiana que ya han implementado medidas similares. Sin embargo, la oficina del gobernador respondió con dureza, aclarando que el Ejecutivo estatal no tiene la autoridad legal para suspender impuestos de forma unilateral, una facultad que recae exclusivamente en la Legislatura de Texas.
Implementar esta “vacaciones fiscales” no será sencillo ni gratuito. El Centro de Política Bipartidista advirtió que una suspensión federal requeriría la aprobación del Congreso y podría representar una pérdida de ingresos de hasta $17 mil millones en un periodo de cinco meses. Mientras el debate político continúa en Washington y Austin, los conductores texanos siguen enfrentando costos significativamente más altos, esperando que las promesas de alivio se traduzcan en ahorros reales de entre $2 y $3 por cada tanque lleno.
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