La responsabilidad de impulsar la transición energética hacia los vehículos eléctricos (EV) ha recaído plenamente en los gobiernos estatales de Estados Unidos, generando un panorama regulatorio fragmentado y desigual. Un informe publicado por el centro de investigación Brookings Metro analizó cómo las entidades federativas están reaccionando mediante normativas e incentivos propios tras el desmantelamiento de las políticas climáticas de carácter federal, una situación que ha creado un terreno de juego económico sumamente dispar a lo largo de la Unión Americana.
Los investigadores Mark Muro y Shriya Methkupally desarrollaron una “tarjeta de calificación” para evaluar la preparación de cada estado basándose en un sistema de 0 a 13 puntos que mide variables como los incentivos al consumidor, los estándares ambientales, el acceso al mercado y la infraestructura de recarga. Los resultados revelaron que ningún estado alcanzó la puntuación perfecta; sin embargo, California y Massachusetts lideraron la lista con 11 puntos, seguidos de cerca con un puntaje de 10 por estados como Colorado, Oregón, Nueva York y Maryland. En el extremo opuesto, estados como Indiana, Ohio, Nebraska, Montana, Luisiana y Dakota del Sur obtuvieron una calificación de cero, al carecer por completo de políticas de apoyo al sector.
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De acuerdo con el análisis de Brookings, el éxito en la adopción no depende de una sola estrategia aislada, sino de una combinación equilibrada de factores, ya que una buena exención fiscal puede quedar anulada si el usuario no encuentra estaciones de carga rápida disponibles. Esta falta de uniformidad regulatoria se profundizó luego de que la administración del presidente Donald Trump eliminara los subsidios fiscales de $7,500 dólares para la compra de autos eléctricos nuevos a través de su reforma legislativa (“One Big Beautiful Bill”), revocara las directrices de la EPA para reducir gases de efecto invernadero y embistiera legalmente contra los mandatos de cero emisiones de California bajo el argumento de rescatar a la industria automotriz tradicional.
Esta incertidumbre política a nivel federal ha impactado directamente en las concesionarias. Datos de la firma Cox Automotive reflejan que la venta de vehículos eléctricos nuevos sufrió una caída del 22% en mayo en comparación con el año anterior, estabilizándose en apenas un 5.7% del total del mercado automotor nacional, una cifra que contrasta con el mercado europeo y asiático donde las ventas de EV ya representan una cuarta parte del total global. Aunque el encarecimiento de la gasolina (que oscila entre los $4 y $6 dólares por galón según la región) ha disparado el interés y las búsquedas en portales como Kelley Blue Book, los consumidores estadounidenses están optando de momento por adquirir autos híbridos o vehículos eléctricos usados, cuyas ventas crecieron un 25%, en lo que el mercado encuentra un nuevo punto de equilibrio sin el respaldo del gobierno de Washington.
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