Una tendencia creciente entre niños y adolescentes ha encendido las alarmas de padres, educadores y líderes religiosos: las nuevas generaciones están recurriendo a plataformas como TikTok en lugar de las iglesias para buscar orientación espiritual, emocional y social. Este cambio refleja una transformación profunda en la manera en que los jóvenes conectan con el mundo y construyen sus valores.
Según expertos como el Dr. Jeff Myers, presidente de Summit Ministries y autor especializado en liderazgo juvenil, la influencia de TikTok sobre la llamada Generación Z ha superado incluso la de instituciones tradicionales como la familia o la iglesia. “Esta plataforma saca lo peor de la gente, y está creando una distancia cada vez más profunda entre los jóvenes y los adultos que intentan guiarlos”, afirmó en una reciente entrevista.
Para muchos padres, incluso aquellos que practican activamente su fe y asisten regularmente a servicios religiosos, el temor es constante: que sus hijos abandonen toda conexión espiritual una vez salgan de casa. Las redes sociales, en lugar de reforzar valores familiares o religiosos, están suplantando esos espacios como fuente primaria de orientación.
TikTok, con su algoritmo personalizado y contenido altamente atractivo, ofrece respuestas rápidas, videos motivacionales, consejos sobre salud mental e incluso discursos sobre moralidad. Pero el problema, señalan especialistas, es la falta de filtro o supervisión adecuada. “Los adolescentes pueden terminar recibiendo mensajes erróneos, confusos o extremos disfrazados de consejos útiles”, advirtió Myers.
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Además, el contenido que viraliza con más facilidad no necesariamente es el más saludable o equilibrado. Por el contrario, suele ser lo más provocador, lo que incentiva la polémica o refuerza ideas simplificadas sobre temas complejos. En este entorno, los adolescentes —que están en una etapa clave de formación de identidad— se exponen a influencias poco fiables sin una guía crítica adecuada.
Diversos estudios han mostrado que el tiempo que los adolescentes pasan en redes sociales se ha triplicado en la última década. Para muchos, aplicaciones como TikTok no solo son una forma de entretenimiento, sino también su fuente principal de información sobre relaciones, espiritualidad, salud emocional e incluso sentido de propósito.
Las iglesias, por su parte, luchan por adaptarse a este nuevo panorama. Algunas han comenzado a incursionar en plataformas digitales con contenido juvenil, aunque muchas reconocen que el desafío es grande: competir con la inmediatez y el impacto visual de las redes sociales no es fácil.
“Más que prohibir el uso de redes, es fundamental enseñar a los niños a discernir lo que consumen, y fomentar conversaciones honestas en casa y en las comunidades de fe”, recomendó Myers. También hizo un llamado a los líderes religiosos para que conecten con los jóvenes en los espacios donde ya están activos, sin perder la profundidad ni el mensaje central de sus tradiciones.
Mientras tanto, la pregunta persiste: ¿podrán las instituciones tradicionales recuperar su influencia sobre una generación moldeada por pantallas? La respuesta dependerá, en gran parte, de qué tan dispuestos estén a escuchar, comprender y acompañar el cambio cultural que ya está en marcha.


































