Este lunes 9 de junio, una protesta espontánea frente al Capitolio de Texas, en Austin, marcó la continuación de una jornada cargada de tensión y rabia en todo el país. Cientos de personas se reunieron para alzar la voz en contra de las redadas migratorias ordenadas por el gobierno federal. Activistas pro-inmigrantes y en apoyo a Palestina marcharon juntos, uniendo causas bajo un mismo grito de indignación.
Los manifestantes corearon consignas fuertes y dirigieron insultos directamente al presidente Donald Trump, a quien responsabilizan de las recientes políticas migratorias que han desatado el caos en ciudades como Los Ángeles. Entre pancartas y discursos encendidos, los líderes del movimiento denunciaron lo que consideran una “cacería racista” contra comunidades latinas y árabes.

Mientras Austin se manifestaba de forma pacífica, Los Ángeles seguía viviendo escenas más intensas y caóticas. Desde el viernes 6 de junio, esta ciudad ha sido el epicentro de una serie de redadas llevadas a cabo por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), con apoyo de fuerzas federales. Los primeros operativos ocurrieron en el Distrito de la Moda y en la zona de Paramount, donde se detuvo a más de 100 personas en pocas horas. Entre los arrestados se encuentra el reconocido líder sindical David Huerta, quien intentó bloquear un vehículo federal y terminó hospitalizado por las heridas.

Las detenciones desataron una ola de protestas que rápidamente tomaron fuerza. El viernes por la tarde, una multitud se congregó frente al Centro de Detención Metropolitano. Las autoridades declararon la manifestación ilegal y lanzaron gases lacrimógenos, balas de goma y granadas aturdidoras. En los días siguientes, la tensión aumentó en barrios como Compton y Boyle Heights, donde se reportaron enfrentamientos, barricadas y varios heridos, incluidos manifestantes, policías y hasta caballos de la policía montada.

La respuesta federal no tardó. El presidente Trump autorizó el despliegue de 2,000 miembros adicionales de la Guardia Nacional y la movilización de al menos 700 marines, sin el consentimiento del gobernador Gavin Newsom. La medida fue condenada por autoridades estatales como una “intervención inconstitucional” y una provocación deliberada.

Hasta ahora, se estima que más de 150 personas han sido arrestadas en las protestas de Los Ángeles, mientras los operativos migratorios continúan. En paralelo, ciudades como Nueva York, Chicago, San Francisco y Houston han visto brotes de manifestaciones en solidaridad con los inmigrantes detenidos.
La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, ha pedido calma, aunque condenó la violencia de las fuerzas federales. El gobernador Newsom ha iniciado una demanda contra el gobierno federal, mientras en Washington las voces demócratas se han unido para exigir el cese inmediato de las redadas y la retirada de la Guardia Nacional.

Mientras tanto, en Austin, los manifestantes prometieron regresar. Anunciaron nuevas movilizaciones en los próximos días, no solo en defensa de los inmigrantes, sino también para denunciar lo que consideran una militarización del país y una política exterior e interior guiada por el odio.

Estados Unidos atraviesa una nueva etapa de confrontación interna. Las redadas migratorias no solo están cambiando vidas en silencio, sino que también están encendiendo un movimiento de resistencia que parece crecer cada día más, desde California hasta Texas.


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Austin American Statesman reportó disturbios al final de la noche, la marcha programada que terminaría a las 9 de la noche comenzó a dispersarse y el equipo de Austin Latino se retiró del lugar, según el Statesman, parte de la multitud que se retiraba se fue directo a el edificio federal J.J. Pickle, donde se encuentra la oficina local del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
El portal digital del diario, punlicó que mientras los organizadores guiaban a la mayoría de los manifestantes de regreso al Capitolio y concluían los actos organizados, varias docenas de personas permanecieron frente al edificio Pickle.
Después de que la policía ordenara a los manifestantes alejarse del edificio, el grupo se reunió frente a una línea policial en la intersección de East 8th Street y San Jacinto Boulevard. Varias docenas de agentes, algunos armados con armas de control de disturbios “menos letales”, estaban apostados en el cruce.
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