La propietaria de un parque de casas rodantes describió los aterradores momentos en que las aguas de la inundación arrastraron más de dos docenas de vehículos, dejando una estela de devastación y una familia desaparecida.
Lorena Guillen, dueña del Blue Oaks RV Park, vio cómo su negocio fue completamente barrido por las inundaciones de esta semana. La velocidad de la crecida fue impactante. “Probablemente en unos 40 minutos, teníamos 30 pies de agua (más de 9 metros)”, relató Guillen.
Cuando la lluvia se intensificó el pasado 4 de julio, ella y su esposo recorrieron el parque golpeando cada puerta para instar a los residentes a evacuar de inmediato. Lograron poner a salvo a la mayoría, pero no a todos.
“Pudimos poner a todo el mundo a salvo, excepto a una familia de cinco que quedó atrapada en la isla”, explicó Guillen con la voz entrecortada. “Estaban estacionados junto a los árboles, cerca del agua, con tres niños pequeños. El equipo de rescate intentó con todas sus fuerzas sacarlos, pero simplemente no pudieron”.
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La fuerza del agua fue implacable. “Cada RV y vehículo, había desaparecido. Fueron arrastrados por el agua”, afirmó. Guillen precisó que en el área principal tenía 28 casas rodantes y otras cinco en la sección de la isla que fue aislada por la corriente. Árboles de 200 años de antigüedad fueron arrancados de raíz, con autos destrozados contra ellos.
El destino de los vehículos es una imagen desoladora. “Como a media milla río abajo, hay un muro de unos 30 o 40 vehículos todos aplastados juntos, y nadie ha podido llegar hasta allí”, describió Guillen.
El domingo por la mañana, los equipos de búsqueda y rescate comenzaron a inspeccionar esa pila de escombros, con la esperanza de encontrar a la familia desaparecida y a cualquier otra persona que pudiera haber sido arrastrada por la inundación.


































