Una versión de esta nota apareció originalmente en The Texas Tribune.
La economía de Texas enfrenta una amenaza inminente, ya que un acuerdo que ha protegido a México de los aranceles del presidente Donald Trump está a punto de expirar. A partir del próximo lunes, las importaciones mexicanas podrían enfrentar un arancel del 30%, una medida que empresarios y economistas advierten que podría tener un impacto devastador en el estado.
México es el principal socio comercial de Texas, con un intercambio que superó los $281 mil millones en 2024. Un acuerdo alcanzado en marzo eximía a la mayoría de los productos mexicanos de los aranceles del 25% impuestos por Trump. Sin embargo, el presidente ha informado a su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, que el arancel no solo regresará, sino que aumentará al 30% el 1 de agosto si no se negocian nuevos acuerdos.
Dante Galeazzi, presidente de la Asociación Internacional de Productores de Texas, calificó la posibilidad de un arancel del 30% como un “cambio radical” y muy diferente a la situación actual.
La amenaza de aranceles no es nueva. En marzo, una imposición de tarifas durante dos días provocó caídas en los mercados antes de que se alcanzara el acuerdo de exención. Craig Slate, CEO del importador SunFed, recordó ese período como “súper difícil y estresante”, pero señaló que sirvió como un “ensayo general”.
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Slate predijo que, en lugar de grandes aumentos de precios para el consumidor, es más probable que se produzca una escasez de ciertos productos, ya que los agricultores e importadores podrían decidir que el riesgo financiero es demasiado alto. Por su parte, el economista de la Universidad de Houston, Ed Hirs, calificó el posible impacto como “devastador”.
No todos en Texas se oponen a la medida. Algunos, como el congresista republicano Tony Gonzales, apoyan la estrategia de Trump, argumentando que los aranceles han sido efectivos para forzar a México a negociar. Gonzales señaló que, gracias a la presión, México se está “moviendo en la dirección correcta”.
Asimismo, un portavoz del gobernador Greg Abbott describió la guerra comercial como una oportunidad para “restablecer” las cadenas de suministro globales y atraer más manufactura a Texas.
El sector empresarial de Texas ahora espera con nerviosismo un posible acuerdo de último minuto. Mientras que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se ha mantenido optimista, otros socios como Canadá han adoptado un tono más duro. Glenn Hammer, de la Asociación de Negocios de Texas, concluyó que, independientemente del resultado, la incertidumbre ya es perjudicial y que se necesita “previsibilidad y estabilidad” lo antes posible.


































