El presidente Donald Trump anunció el miércoles pasado que impondrá un arancel del 100% a los chips de computadora y semiconductores importados, una medida drástica y de enorme impacto destinada a forzar la relocalización de la producción de esta tecnología crítica a Estados Unidos. El anuncio se produjo durante una reunión en el Despacho Oval con el CEO de Apple, Tim Cook.
Trump declaró que se aplicará el arancel, pero ofreció una exención clave: “si construyes en los Estados Unidos de América, no hay ningún cargo”. Advirtió que si las empresas prometen construir fábricas y no cumplen, se les cobrará el arancel de forma retroactiva.
La medida ha generado una fuerte reacción en la industria tecnológica. La Asociación de la Industria de Semiconductores (SIA) expresó su “profunda preocupación”, advirtiendo que un arancel tan elevado podría interrumpir las cadenas de suministro globales y aumentar significativamente los costos para los consumidores. Este enfoque punitivo contrasta con la Ley CHIPS de 2022, que busca el mismo objetivo a través de subsidios e incentivos.
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Coincidiendo con la nueva política, Tim Cook anunció una masiva inversión de $600 mil millones de dólares en las operaciones de Apple en Estados Unidos, que según el presidente creará 450,000 empleos. Este movimiento se produce después de que Trump criticara a Apple por trasladar parte de su producción a la India. El anuncio simultáneo posiciona a Apple para quedar exenta de los nuevos aranceles mientras sus competidores enfrentan una enorme incertidumbre.
La medida llega en un momento de creciente demanda mundial de semiconductores. Los economistas advierten que el arancel podría provocar un aumento de precios en casi todos los productos electrónicos.


































