En la vasta zona ganadera de Texas, los rancheros están en alerta máxima. El gusano barrenador, una mosca parásita que devora carne viva, avanza desde Centroamérica hacia Estados Unidos. A pesar de los esfuerzos por detenerlo, no hay suficientes moscas estériles para frenar su propagación. Según expertos, esta plaga podría causar pérdidas millonarias y elevar aún más los precios de la carne.
Por otro lado, Kip Dove, un ranchero texano de quinta generación, recuerda con desasosiego el último brote importante en los años 70. En aquel entonces, a los ocho años, trotaba en caballo tratando animales enfermos o sacrificando al ganado demasiado dañado. Hoy, con 60 años, anticipa el regreso devastador del gusano barrenador. Las hembras depositan cientos de huevos en heridas de animales, cuyas larvas excavan en la carne, agrandando las heridas hasta matar al huésped. “No sé si podría soportarlo si pasa ahora”, confiesa Dove.
También te puede interesar: Trasladan a 500 mascotas fuera de Texas
Además, la situación se complica por la escasez de recursos y mano de obra calificada. Washington ha suspendido importaciones de ganado mexicano e invertido millones en una nueva planta de moscas estériles en México, pero tardará un año en operar. Mientras tanto, los ganaderos acumulan insecticidas y elaboran planes de contingencia. El tratamiento actual es manual y costoso: cada gusano debe ser retirado a mano y las heridas rociadas con insecticida. Freddy Nieto, gerente de un rancho en el sur de Texas, advierte que este podría ser el peor brote biológico de nuestras vidas.
Mientras tanto en Panamá, una instalación biológica lucha contra el tiempo. Produce 100 millones de moscas estériles semanales, pero se necesitan 500 millones para contener la plaga. Los gusanos barrenadores ya han cruzado barreras geográficas clave como el Tapón del Darién. Para muchos ganaderos, la falta de personal capacitado y la magnitud del problema hacen que esta crisis sea abrumadora.


































