El panorama educativo en Texas se encamina hacia un cambio histórico y profundamente debatido. La Junta Estatal de Educación aprobó un nuevo conjunto de estándares curriculares que requerirá que los estudiantes de las escuelas públicas del estado lean pasajes selectos de la Biblia en el salón de clases. Las pautas aprobadas incluyen una lista de lectura obligatoria para los niveles desde jardín de niños hasta el duodécimo grado (K-12), incorporando narrativas clásicas del texto sagrado como “Jonás y la ballena” y “David y Goliat”.
La resolución de la junta estatal ha polarizado la opinión pública y generado reacciones mixtas entre las familias texanas. Bajo el nuevo marco regulatorio, los distritos escolares deberán implementar estas lecturas de forma mandatoria; sin embargo, el plan concede un derecho de exclusión voluntaria (opt-out). Esto significa que los padres de familia que no comulguen con las enseñanzas o el enfoque de la materia tendrán la facultad de retirar temporalmente a sus hijos de esas lecciones específicas, aunque los distritos escolares no estarán obligados por ley a suministrar una tarea alternativa o un programa sustituto para cubrir ese tiempo lectivo.
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Grupos de padres que apoyan la medida celebraron la resolución frente a los medios. “Es hora de que empecemos a hablar del Espíritu y del plano espiritual en la escuela”, opinó Paula Thomas, una madre de familia residente de San Marcos, quien añadió que las historias bíblicas ejercen un impacto positivo en el comportamiento de los menores. En sintonía, Alexis Burnett, residente del norte de Austin, aplaudió la oportunidad de que los niños adquieran este conocimiento cultural y religioso en las aulas antes de llegar a la edad adulta. Por el contrario, un sector de padres que prefirió omitir su identidad manifestó su total rechazo al proyecto, argumentando que la instrucción religiosa debe mantenerse al margen del financiamiento y los espacios públicos.
Las voces de disidencia institucional también se hicieron escuchar tras la votación. Andrew Freeman, coordinador de Medios y Comunicaciones de la organización civil Texas Freedom Network, criticó severamente el alcance del proyecto académico, calificando de “descorazonador” el hecho de que la lista oficial imponga más de una docena de relatos asociados directamente con el cristianismo dentro del sistema público. A pesar de los reclamos de colectivos que defienden la separación de la Iglesia y el Estado, los nuevos estándares educativos ya tienen un calendario fijado: están programados para entrar en vigencia oficial a partir del año escolar 2030-2031 y mantendrán su vigencia obligatoria durante un periodo inicial de diez años a partir de su debut.
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