
Imagínate que alguien pudiera mover la bolsa de valores con solo escribir un mensaje desde su teléfono. Sin reuniones de gabinete, sin comunicados oficiales, sin economistas de por medio. Solo una publicación en sus redes. Eso, exactamente, es lo que está pasando con Donald Trump.
En los últimos meses, los mercados financieros han reaccionado de manera inmediata a cada mensaje que Trump publica en Truth Social, su red social. Y cuando decimos “inmediata”, hablamos de segundos. No minutos. Segundos.
El caso más llamativo fue aquel cuando el índice S&P 500 andaba a la baja y de repente, el Señor Presidente publicó un mensaje en mayúsculas, así como gritando su presagio: “¡¡¡ESTE ES UN GRAN MOMENTO PARA COMPRAR!!!” En cuestión de minutos, el mercado no solo se recuperó, sino que subió.
Quien tuvo información anticipada o reaccionó a tiempo, ganó fortunas, según dijeron los que saben.
Eso no es economía. Eso algunos la llaman especulación. Y otros, podemos llamarle algo así como: trampa, chanchullo, manipulación de mercado, tranza financiera o dígale como usted quiera decirle.
Y acuérdese, los anuncios de aranceles contra China y la Unión Europea repercutieron igual. Trump anunció un arancel, los mercados globales se desploman. Trump anunció una “tregua”, los mercados se disparan. El petróleo sube y baja. El oro se mueve. Todo al ritmo de sus declaraciones, no de los datos reales de la economía de un país.
Y mientras tanto, el ciudadano común como usted y como yo, vemos que todo sube de precio y nuestro gran poder adquisitivo ya no es lo que era hace una década.
La pregunta que nadie en Washington quiere responder en voz alta es sencilla: ¿quién sabe lo que Trump va a publicar antes de que lo publique? Porque ese alguien, inevitablemente, está ganando mucho dinero.
Da risa escuchar a Trump de viva voz decir que está llegando a un acuerdo en sus negociaciones con Irán para detener la guerra, mientras que desde Teherán el gobierno responde algo así como: “¿Qué pedo, con este güey?”
Lo cierto es que acá de este lado, Trump no está peleando con ejércitos ni con leyes. La está peleando con palabras en su teléfono. Y por ahora, la están ganando seguramente él y aquellos amigos que lo ayudaron a llegar a la Casa Blanca con sus donaciones que probablemente sabían que iban a terminar en uno de los mejores negocios de su vida.
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